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Una impresora 3D es un aparato industrial (aunque se está popularizando y “domesticando”) que puede realizar, mediante superposición de capas de un mismo material, un objeto que tiene largo, ancho y alto. Si se lo explicas a un niño, te saltará rápidamente con la escena de Los Descendientes de Disney, parte II, en la que uno de los protagonistas había impreso una corona “mágica” con todo lujo de detalles con respecto a la original. La réplica era perfecta. Películas de moda aparte, las impresoras 3D actuales aún no hacen objetos mágicos, aunque lo mismo no tarda en llegar.
El invento es útil y lo será aún más, pero tiene sus limitaciones. No es un aparato en el que pones el original y dando a un botón sale una réplica exacta. No es una replicadora. Con una impresora 3D, por superposición de capas de un mismo material, obtenemos un objeto básico que previamente está diseñado en un ordenador.
Entonces, ¿no es útil? Depende para qué lo quieras usar. Si lo que buscas es replicar una varita mágica o un aparato electrónico complejo, para eso no sirve. Pero sí tiene otras utilidades que pueden revolucionar ciertos campos de la medicina o de la ingeniería cuando no de la vida cotidiana.
1.- Prótesis adaptadas y personalizadas
Quizás sea su uso más útil. Ya se han realizado con bastante éxito prótesis complejas y partes del cuerpo mínimas con impresión 3D. Si la medicina avanza hacia la personalización, es fácil prever que, en el futuro, cuando te partas una pierna, lo más eficaz será colocar una prótesis adaptada a tu altura, peso y lesión. Así que, en nada, vamos a escuchar en la sala de espera del hospital que tu prótesis se está haciendo. Con esas pequeñas intervenciones que se focalizan sobre el problema seguramente las lesiones sanen con mayor rapidez. ¿Y hablamos de las conocidas prótesis de rodilla o caderas que necesitan tantas personas mayores? Todas ellas acabaran haciéndose con esta técnica. Así se conseguirá abaratar precios y ser más eficaz en los tratamientos.
2.- Maquetas y prototipos de edificios y objetos varios
Con toda probabilidad sea lo más fácil: la impresión en alto, ancho y largo a escala reducida de objetos sencillos diseñados por ordenador. Se realiza con material plástico. Por eso se están poniendo de moda la ejecución de juguetes personalizados a capricho y a petición no solo de los más pequeños sino también de mayores.
3.- Herramientas a demanda en expediciones espaciales
O terrenales. ¿Cuántas veces has ido a coger un destornillador y ese no era el adecuado para desencajar esa tuerca apretada con fuerza? Aunque a nivel doméstico, no será rentable y es mejor acercarse a la ferretería más próxima, no es lo mismo cuando sales a lugares tan remotos del centro comercial como el espacio. Por eso, se está barajando la posibilidad de realizar herramientas a demanda en las misiones al exterior. Lo mismo sirve para expediciones o campamentos para proyectos complicados. La idea es que se realicen las que sean necesarias e imprescindibles en un momento dado. Y el objetivo último es que se puedan reciclar. Esto es, que se utilice el material de la herramienta “impresa” (mediante fundición) para hacer uno nuevo y distinto cuando haga falta.
4.- Objetos cotidianos para pisos pequeños y jóvenes con la cosmovisión del pago por uso
Me atrevo a pronosticar que quizás el futuro de las impresoras 3D esté en la elaboración de objetos cotidianos (de la casa) que, como en el caso de las misiones espaciales, sean reciclables. Me explico. Una de las tendencias de las jóvenes generaciones (los llamados millenials) es el pago por uso. No tienen interés por acumular absolutamente nada. Se cambian de casa constantemente y no van arrastrando muebles o enseres. Exigen que estén allí donde vayan a vivir. Se están acostumbrando a compartir coche o a usar el transporte público en lugar de asumir el coste de un vehículo propio. Cuando algo no les sirve, no lo guardan en un trastero. Su destino está en cualquier anuncio de economía colaborativa, la misma a la que recurren cuando algo necesitan. Por eso, quizás, y me estoy adelantando, en un futuro próximo, no será difícil verlos con una impresora 3D bajo el brazo y un móvil con todas las apps disponibles para crear y reciclar el objeto preciso que necesiten en ese momento.
Después de los ordenadores e Internet, quizás sea la próxima revolución tecnológica de la humanidad.

